FAMILIAS CON CLASE

FAMILIAS CON CLASE

Pensando en las actividades del próximo curso, entre ellas está la animación a la lectura. De forma casual hace poco me encontré con un libro de Juan Narbona, enfocado a la gente joven, que se titula «Gente con clase». Con sentido del humor da pautas de educación y saber estar, algo que en principio parece olvidado en gran parte de la sociedad. Valga un ejemplo, no usar el móvil mientras te están hablando.

La televisión es un reflejo de la sociedad y sólo se mantiene en parrilla lo que consigue cierto share. Echando un vistazo a lo que se emite es preocupante ver tanto programa del corazón y tele realidad, en el que que se da culto al cuerpo y se se usa el insulto como  único argumento válido para el contrario.  Cualquier persona puede ser famosa si luce palmito sin pudor o tiene lengua afilada, sin importar cómo se ha cultivado interiormente o qué puede aportar a la sociedad para que sea mejor.

Al hilo de todo esto leo un artículo de Manuel Vicent, publicado hace ocho años en El Pais y pienso en las familias de Jacaranda. Dice así:

 «Tanto si es un campesino analfabeto o un artista famoso, carpintero o científico eminente, fontanero, funcionaria, profesora, arqueóloga, albañil rumano o cargador senegalés, a todos les une una característica: son muy buenos en su oficio y cumplen con su deber por ser su deber, sin darle más importancia. Luego, en la distancia corta, los descubres por su aura estética propia, que se expresa en el modo de mirar, de hablar, de guardar silencio, de caminar, de estar sentados, de sonreír, de permanecer siempre en un discreto segundo plano, sin rehuir nunca la ayuda a los demás ni la entrega a cualquier causa noble, alejados siempre de las formas agresivas, como si la educación se la hubiera proporcionado el aire que respiran (…) Este país nuestro sufre hoy una avalancha de vulgaridad insoportable. Las cámaras y los micrófonos están al servicio de cualquier mono patán que busque, a como dé lugar, sus cinco minutos de gloria, a cambio de humillar a toda la sociedad. Pero en medio de la chabacanería y mal gusto reinante también existe gente con clase, ciudadanos resistentes, atrincherados en su propio baluarte, que aspiran a no perder la dignidad. Los encontrarás en cualquier parte, en las capas altas o bajas».

Vamos a seguir trabajando para que así sea. Haciendo bien nuestro trabajo, sea cual sea, para construir una sociedad mejor.

 

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